“Si la locura arrastra a los hombres a una ceguera que los pierde, el loco, al contrario, recuerda a cada uno su verdad; en la comedia, donde cada personaje engaña a los otros y se engaña a sí mismo, el loco representa la comedia de segundo grado, el engaño del engaño; dice, con su lenguaje de necio, sin aire de razón, las palabras razonables que dan un desenlace cómico a la obra. Explica el amor a los enamorados, la verdad de la vida a los jóvenes, la mediocre realidad de las cosas a los orgullosos, a los insolentes y a los mentirosos.”
Michel Foucault, “Historia de la Locura en la Época Clásica”
En el juego de rol “La Llamada de Cthulhu”, una de las características de los personajes es la “Cordura Máxima”. Como por desgracia nunca he jugado, me imagino que la puntuación en este rasgo bajará poderosamente si metes las narices en la biblioteca de ese tío tuyo tan raro de Providence, te matriculas para hacer un máster en la Universidad de Miskatonic y se te ocurre, además, pasar las vacaciones de verano en Innsmouth. Me informan que los puntos de cordura son diabolicamente difíciles de recuperar, sobre todo después de haber tenido visiones o escuchar voces y gruñidos ominosos. Que esta característica mengüe no es negativo según las reglas del juego: sería imposible hacer conjuros o abrir portales con la cordura alta. Si tienes la cabeza en su sitio, te perderás cosas tan divertidas como que se te escape un bonito “Ph’nglui mglw nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn” durante un brindis en cualquier reunión social comprometida.
Todo esto, más otras cosas que mi natural discreción deja fuera de plano, me llevan a comentar que el artículo titulado “Nos Gobiernan Enfermos Mentales” tan difundido por las redes es, aparte de poco riguroso, torpe e innecesario.
No es este el lugar de discutir si la melancolía o las manías pueden comprometer la ética. Solo os invito a pensar cuantas veces, a lo largo del día, perdemos puntos de cordura y eso nos conduce a veces a algo bueno. Hablar sobre locura y poder, como pretenden hacer en el artículo antes citado, nos llevaría a Mad Doctors y sabemos que Nuestros Dirigentes molan mucho menos.